
Mañana Malu tomará su primera sopita, y siento como una
emoción combinada con miedo, como mi primer día en la Universidad, ¿Lo haré
bien? ¿Qué pasará? ¿Estaré preparada?, ya tengo todos los planes de salir
temprano para ir a comprar los vegetales en el mercadito que ponen unos
descendientes de alemanes de la Colonia Tovar, son frescos, llenos de sabor, naturales, llenos de vida,
los mejores, eso quiero para mi hija siempre y espero nunca cansarme para poder
dárselo.

Malu ya no solo da la vuelta completa, se levanta cuando
está sobre su pancita y me dirige una hermosa sonrisa, sino que se lanza con
unos monólogos de 5 minutos con su muñeca favorita, da vueltas como un trompo
en la cama cuando se está despertando, se ríe con todo el mundo que le medio
habla como bebé y suelta sus carcajaditas de vez en cuando (solo cuando está
con mami).
Es difícil ser mamá, porque es un oficio sagrado, por eso lo
llaman sacrificio (sacro=sagrado, ficio=oficio), eres co-creadora de un ser,
eres responsable de sus necesidades, crecimiento, raspones, caídas y todo lo
que se le parezca, eres a quien van a culpar, a ti y a Dios (y a veces Dios se
salva de que le recriminen), tienes que morir a ti, a lo que eres, lo que
querías ser y lo que te gustaría ser para empezar a amar a un pequeño ser que
tú ayudaste a crear, así como Dios nos ama a todos nosotros. Es fácil terminar
con la relación que tenías con tu vida, romper con ella, lo difícil es tomar
las riendas de una nueva vida que comienza y empezar a dar los pasos con más
seguridad que antes, con la única diferencia de que esta vez llevas a alguien
en brazos.